Una revisión exhaustiva de su hermeticidad es indispensable para que una instalación de aire acondicionado esté completa. Así, el método más confiable para verificar que el circuito de refrigeración está totalmente sellado es la prueba de estanqueidad con nitrógeno. Incorporamos nitrógeno (un gas no condensable e inerte) a una presión más alta que la de trabajo del sistema y supervisamos la estabilidad de esta presión por un periodo específico. Cualquier reducción de la lectura en el manómetro indicaría una fuga, lo que nos permitiría detectarla y corregirla antes de que se introduzca el gas refrigerante.
Por diversas razones, la legislación vigente (Reglamento de Seguridad para Instalaciones Frigoríficas) requiere esta prueba. La pérdida de gases refrigerantes, por ejemplo, además de dañar el medio ambiente, causa una disminución significativa en la eficiencia del equipo y un incremento en el consumo de electricidad. Un escape pequeño puede provocar que el refrigerante se pierda por completo si no se detecta a tiempo, lo cual dejaría el equipo fuera de servicio. Por ende, este procedimiento resguarda tu inversión y favorece un empleo más sustentable de los recursos.
Es esencial tener técnicos capacitados y herramientas concretas, como botellas de nitrógeno con regulador de presión y manómetros calibrados. Asimismo, esta prueba no solo se lleva a cabo en instalaciones nuevas; también es relevante después de cualquier intervención en el circuito, por ejemplo, cuando se repara o se traslada el equipo. Conducir una prueba de estanqueidad rigurosa garantiza que tu sistema de climatización opere al máximo desde el primer día, evita la necesidad de recargas costosas de gas y previene futuras llamadas de servicio. Por lo tanto, aseguramos una instalación que sea respetuosa con el medio ambiente, segura y eficaz.






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